martes, 30 de noviembre de 2010

UN MILAGRO EN LA PLAYA DE YUMAQUE: Salvado por Delfines

El domingo 28 de enero de 1996, sucedió uno de los hechos más increíbles e insólitos, que rara vez ha sido reportado en nuestro país.

Ese día, sin que yo pueda participar, mi familia viajó a la provincia de Pisco en busca de sol y mar, y fueron testigos de los hechos que narraré a continuación.

Los acontecimientos ocurrieron teniendo como escenario a la playa de Yumaque en la Reserva Nacional de Paracas en Pisco, a 38 km de las oficinas de la Jefatura de dicha Reserva, y fue observado por más de 100 personas que asistieron a esa playa, además de mi familia.

Aproximadamente a las dos de la tarde, un joven bañista de nombre José Antonio, (cuyos apellidos me los reservo), natural de Parcona, en Ica, se encontraba con un grupo de amigos jugando futbol en plena playa causando incomodidad en algunos de los visitantes, debido a que lanzaban arena y causaban alboroto.

Luego del juego decidieron ir al mar y darse un chapuzón. Al poco rato José sintió que era arrastrado por la fuerte corriente del oleaje, al estar nadando a imprudente distancia de la orilla de la playa.

La corriente logró arrastrarlo mar adentro impidiendo que los demás bañistas puedan retirarlo. Algunos de los que trataron de nadar hacia él, tuvieron que regresar para no correr el mismo riesgo de ser arrastrados por el oleaje.

Todos los visitantes de la playa, alarmados, observaban como el infortunado joven era arrastrado mar adentro sin poder hacer nada para impedirlo, ya que no contaban con salvavidas y mucho menos había embarcaciones para rescates. Ante esta situación mi hermano recordó que vio circular, cargando un pequeño bote en su vehículo, al Vicerrector Académico de la Universidad Nacional San Luis Gonzaga de Ica, de ese entonces, quien junto a su familia se habían alejado de donde estaba la mayoría de las personas. Al recordar esto, fueron donde él y solicitaron su apoyo para el rescate.

Cuando la gente de la playa ya pensaba que el infortunado se había ahogado, la mayoría de los asistentes logró observar asombrados, como un grupo de aletas, que en ese momento pensaron eran de tiburones, rodeaban al joven en el agua formando un círculo alrededor de él. Gracias a ellos lograron ubicarlo, de quien solo se veía su cabeza saliendo del agua.  Posteriormente todos se enterarían que aquellas aletas, correspondían a un grupo delfines.

Mientras tanto, en otro escenario, dos personas iniciaron la travesía de remar en el pequeño bote rumbo hacia al joven que curiosamente se mantenía a flote  luego de más de una hora de permanencia en el agua. Debido a lo agitado de las olas, a los rescatistas se les hacia difícil ver la ubicación de la víctima y no sabían el rumbo a seguir, si no fuera porque un delfín apareció  delante de ellos, y que haciendo piruetas se acercaba y alejaba. Los hombres entendieron y comenzaron a seguir al delfín, quien en efecto, comenzó a guiarlos hacia donde estaba José. Luego de más de media hora, lograron llegar a él y rescatarlo del agua, y trasladarlo a la playa. Posteriormente y al darse cuenta, ya no estaban los delfines.

El resto de la historia me lo narró el mismo José, quien entre sollozos, me dijo que mientras estaba en el agua y ya sin fuerzas para mantenerse a flote, sintió que algo “blandito” se ubicaba debajo de él y lo sacaba a flote, y lo mantenía “echado” fuera del agua, pero que cada 10 a 15 minutos se retiraba y él se hundía, pero que inmediatamente volvía a ubicarse bajo su cuerpo, evitando así  que se hunda y ahogue. También pudo observar que había un grupo de delfines a su alrededor que saltaban y nadaban muy inquietos, hasta que vio llegar al bote y pudo ser rescatado por esas personas.

Los delfines salvaron a José Antonio, y para ello usaron una estrategia de rescate; un grupo nadaba alrededor de él a para señalar su ubicación, otro guiaba a la embarcación de los rescatistas y otros se ubicaban debajo de su cuerpo para evitar que se hunda y se ahogue; pero como los delfines no pueden contener mucho tiempo la respiración se turnaban para mantenerlo a flote.

Han pasado casi 14 años y recién puedo publicar esta historia, en homenaje  a los delfines, aquellos animales marinos que han salvado la vida de muchas personas, pero que constantemente son asesinados por nosotros, los “inteligentes seres humanos”.